Calvin quemado

Calvin quemado


14 de diciembre, 2003

Llevo unos días dejándome los ojos en las fotocopiadoras. Es seguro la máquina que más ha satisfecho mis ansias enciclopédicas. Sin las fotocopiadoras, yo tendría que haberme hecho secretario de algún ministro o monarca, para disfrutar de la Augusta Bibliotheca correspondiente. Porque la imprenta nunca consiguió socializar la erudicción, y por eso los que quisieron estar al tanto de varias o muchas cosas a la vez, tiraron por la vía real. La imprenta sí que generó la proliferación de pequeñas bibliotecas, muy modestas en comparación con las que hoy cualquier intelectual posee.

La fotocopiadora nos ofrece un primer esbozo de comunidades p2p. Cualquier universidad actual funciona con un potente centro de reprografía, que, después de la cafetería, es el punto de reunión más intenso. Pero, además, es que cualquier biblioteca cuenta con su sala o sus salas de fotocopiadoras. De esas circunstancias surgen las lecturas parciales -capítulos de distintas obras-, las lecturas de índices y conclusiones, y, entre otras cosas, las lecturas de artículos de revistas especializadas. Junto a todo eso está la legislación que prohibe la reproducción total o parcial por cualquier medio.

Cada vez que el tubo de neón verde esmeralda hiere las sensibles capas de mis retinas, disfruto recordando todos los buenos momentos que me ha dado la información fotocopiada. Aunque un poco más ciego cada vez, también soy más libre. Pero no por ir contra la ley, sino por comprender más y mejor. ¿Puede relacionarse ésto con la música, los juegos y las películas, que son los caballos de batalla de la piratería en internet? ¿Navegamos todos los piratas en el mismo barco? ¿Es lo mismo tener por capitán a Spinoza o a Ian Hacking que a Karen McDougall -conejita playboy de 1998-, o a Alejandro Sanz? ¿Soportan del mismo modo esos capitanes los motines?

calvinworld es el blog tecnológico de Iñigo Medina Sitemap home